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Sodoma, Tall el-Hammam y Tunguska: ¿una historia común?

El 30 de junio de 1908, en Siberia, una explosión en el cielo arrancó del suelo los árboles de un bosque cerca del río Tunguska en radio de 25 kilómetros y quemó vivos a centenares de animales. Los escasos testimonios describieron una luminosa explosión de fuego en el cielo y fuertes ráfagas de aire ardiente barriendo el paisaje.  Esto es conocido hoy en día como el Evento de Tunguska. Quizás de forma similar, un mito bíblico describe el castigo divino que sufrieron las ciudades de Sodoma y Gomorra en Canaán como una lluvia de fuego y azufre ardiente que destruyó a todos sus habitantes e hizo infértiles las tierras de su alrededor.

¿Qué tienen en común estos dos eventos? Supersticiones aparte, el Evento de Tunguska dista de ser un misterio para la comunidad científica. Es el consenso que un meteoroide de 60 metros de diámetro entró en contacto con la atmósfera terrestre a una velocidad de 30 km/s y estalló a 5 km de altura, desencadenando una explosión de 12 megatones de TNT en los cielos de Siberia. Para tener una comparación justa, esto es el equivalente a mil bombas de Hiroshima o un quinto de la bomba Tsar. El evento fue tan fuerte que fue detectado en estaciones sismológicasd e toda europa y la onda expansiva llegó a ser detectado en los Estados Unidos. ¿Puede ser que la leyenda de Sodoma y Gomomorra tuviera origen en un evento similar? Nuevas investigaciones en el Valle del Jordan indican que quizás, pues se ha encontrado evidencia de que un impacto astronómico de similar magnitud aniquiló una antigua ciudad de la región en el año 1650 a.C.. Vamos a ver cómo la comunidad científica ha llegado a esta conclusión.

Las misteriosas ruinas del Tall el-Hammam

Imagen 1. a) Reconstrucción artística del palacio basado en evidencia. b) Fotografia de las ruinas, mostrando el alcance de la destrucción. Créditos: artículo original.

Hoy empezaremos hablando de geografía, historia y arqueología, pero es promesa de que la charla sobre impactos de meteoritos viene inmediatamente después. Tall el-Hammam son las ruinas de una antaña ciudad de la Edad del Bronce en el Valle del Jordán, cerca de la costa del Mar Muerto, hoy en día Palestina. Se tiene evidencia de ocupación humana del valle tan temprana como el año 4400 a.C., y junto con otras dos ciudades y villas de la zona, se calcula que hasta 50.000 personas habitaron la zona. En aquel entonces, el Valle del Jordán y el Mar Muerto eran tan fértiles como el Delta del Nilo, dónde proliferó el Imperio Egipcio. Sin embargo, y para incomprensión de la comunidad arqueológica durante mucho tiempo, la actividad humana cesó al completo en el año 1650 a.C. y la región fue deshabitada por 600 años enteros.

¿Qué pasó en Tall el-Hammam y sus alrededores? Las piedras y los escombros tienen la respuesta. Al ser construida sobre una colina, la ciudad tuvo una parte alta y una parta baja. En la parte alta se conservan los restos de lo que fue un palacio de hasta 15 metros de altura (Imagen 1). En apariencia, el palacio fue arrancado de cuajo dejando solamente los fundamentos y algunas filas de ladrillos. Entre los cimientos, una capa de un metro y medio de grosor hecha de escombros y pedazos de ladrillos cubre los suelos, y además los materiales muestran evidencia de haber estado expuestos a altas temperaturas. Lo mismo se ve en las partes bajas de la ciudad, donde la destrucción es generalizada, pero más extensa en las partes suroeste que noreste. A primera vista, es evidente que un evento cataclísmico destruyó la ciudad.

En busca de las trazas de un impacto

El estudio es muy extenso y contiene investigadores/as provenientes de disciplinas muy dispares. Sin embargo, hemos hecho un esfuerzo para resumir los puntos principales de la investigación. Para empezar, fue necesario concluir que el cataclismo ocurrió en el mismo año que el abandono y no después. Entre las capas de escombros, sedimentos de ceniza y carbón vegetal quemados son abundantes, y usando datación por radiocarbono en estos materiales la investigación concluyó que el cese de actividad humana coincide con la formación de la capa. Así pues, teniendo fuerte evidencia de que esta fue la causa, estos son los puntos claves que indican un impacto astronómico:

Altas temperaturas en la zona:
Imagen 2. Imagen de un diamonoide (Diamond-Like Carbon según las siglas del centro) encontrado en una pieza de jarrón, tomada con un microscópico electrónico. La partícula impactó cuando este se estaba fundiendo, haciendo una muesca o cráter en él. Créditos: artículo original.

Entre los escombros fueron encontrados incontables fragmentos de jarrones, ladrillos y tejas derretidos y re-solidificados de nuevo. Los pedazos de jarrones, por ejemplo, muestran que fueron derretidos por el exterior, pero no en el interior, lo que indica un súbito incremento de temperatura y una rápida transmisión de calor. Experimentos de la investigación para reproducir las características de los patrones de fusión necesitaron llegar a los 1400 ºC. Evidencia similar da el encuentro de ladrillos y tejas de barro derretidos, ya que en la Edad de Bronce no se tenían medios para calentar estos materiales y derretirlos de forma artificial. Además de piezas de jarrón y barro, también se han encontrado granos de metales como hierro y silicio, e incluso granos de cuarzo derretidos, lo que requiere temperaturas superiores a los 1700 ºC.

Pero, quizás una de los puntos de evidencia más importantes fue el hallazgo de diamonoides en las piezas de jarrones. Los diamonoides son pequeñas partículas microscópicas de carbono con una estructura similar al diamante que se forman solamente en altas temperaturas y han sido encontradas, por ejemplo, en el cráter creado hace 65 millones de años en la Península del Yucatán. Cabe recordar que el impacto causante de este cráter desencadenó la famosa extinción de los dinosaurios. Usando observaciones con microscopios electrónicos, la investigación halló muchas de estas partículas micrométricas entre los trozos de jarrones. Por si fuera poco, una pieza incluso tiene un impacto causado por un grano de 30 micrómetros de diámetro (Imagen 2). 

Evidencia de un shock explosivo y altas presiones:
Imagen 3. Todas las imágenes han sido tomadas con un microscopio electrónico excepto b) que ha sido tomada por un microscopio óptico. a) Grano de vidrio fundido con una partícula de cuarzo (rosa). b), c) y d) ampliación de la imagen sobre el grano de cuarzo, donde las estrías paralelas son visibles. e) y d) ampliación sobre las estrías paralelas. Créditos: artículo original.

Hasta ahora hemos visto evidencias de grandes temperaturas de la catástrofe. Sin embargo, esto no indica un impacto astronómico por si solo, ya que incendios, volcanismo o incluso tormentas eléctricas podrían explicar este escenario, o al menos parcialmente. Sin más demora, sigamos con las evidancias que favorecen una explosión. Una de las más fertes en esta dirección es el hallazgo de granos de cuarzo laminados. De normal, el cuarzo tiene grietas laminares en su interior con distribución aleatoria. Sin embargo, en detonaciones de gran magnitud como las pruebas nucleares e incluso en Tunguska mismo, donde se crean shocks de alta presión, se han encontrado granos de cuarzo con grietas laminares paralelas. Y en efecto, usando tanto microscopios ópticos como electrónicos, la investigación halló grietas laminares paralelas en 1 de cada 800 granos de cuarzo investigados en Tall el-Hammam, siendo esto indicativo de una explosión de magnitud similar.

Imagen 4. Mapa de Tall el-Hammam mostrando la direccionalidad de los escombros (debris), granos (grains), pedazos (sherds), piezas fundidas de jarros (melted pottery) y ladrillos (melted bricks) y la dirección del viento en los sedimentos (blow-over). Todo es consistente con una onda explosiva moviendóse en la dirección suroeste-noreste (flecha roja). Créditos: artículo original.

Pero quizás la mayor evidencia de la explosión está expuesta al aire libre. No solamente fue la destrucción más severa en la cara suroeste de la ciudad, sino que pedazos de jarrones y escombros de los muros fueron lanzados claramente hacia el noreste en todos los casos. Incluso, en algunos casos ocasionales, jarrones que se encontraban en las caras noreste de las paredes se han encontrado intactos, como si hubieran estado protegidos de la onda explosiva. Todo parece indicar una misma direccionalidad hacia el noreste, lo que sugiere una onda explosiva proveniente del suroeste (Imagen 4). 

Evidencia en las víctimas humanas

Uno de los aspecto más horroríficos de la destrucción de Tall el-Hammam son las 8.000 vidas humanas que fueron perdidas. En efecto, en numerosos lugares se han encontrado restos de sus habitantes. En una carretera alrededor de la parte alta de la ciudad, la investigación desenterró pedazos de calaveras, pelvis, brazos e incontables fragmentos de huesos que no pudieron ser identificados. La radiodatación por radiocarbono indica que en efecto estas personas perecieron en el año 1650 a.C., cuando la ciudad fue destruida. Es más, excavando cien plazas en la ciudad, hasta 10 esqueletos parciales fueron encontrados, tres de ellos casi enteros. Los estudios forense indicaron que los cuerpos fueron despedazados o gravemente desarticulados. Muchos de los fragmentos se encontraron incluso mezclados con materiales derretidos.

Las investigaciones médicas no encontraron evidencia alguna de heridas hechas por armas de guerra o caídas, y el clima en la zona no era propenso a crear grandes vientos que pudiese lanzar la gente por los aires, así que de nuevo la explicación más probable es el shock de una explosión y golpes de los escombros llevados por él. El despedazamiento hace este evento incluso más fuerte que el de Tunguska, dónde los animales fueron hallados calcinados pero enteros. Solamente una explosión de la magnitud de una bomba atómica pudo causar tales heridas, seguida por un incremento súbdito de la temperatura, todo ocurrido de forma casi instantánea mientras los habitantes vivían sus vidas con normalidad.

Especulaciones con el origen del mito de Sodoma y Gomorra y conclusiones.

Imagen 5. Mapa del Mar Muerto y el Valle del Jordán, marcando las ciudades de Tall el-Hammam y Jericho, ambas destruidas por el impacto astronómico, superpuesto con la extensión del estallido de Tunguska para dar una idea general del alcanze. Cabe recordar que con toda probabilidad el estallido de Tall el-Hammam fué más potente que el de Tunguska. Créditos: USGS/Earth Resources Observation and Science (EROS) Center. Modificada por los autores del artículo original para añadir las cidades y el estallido de Tunguska.

En el artículo, la investigación va mucho más al detalle para descartar otras posibles causas de la destrucción de la ciudad, como pueden ser guerras humanas, vulcanismo, terremotos, incendios o tormentas eléctricas. Sin embargo, toda la evidencia apunta que un impacto astronómico similar al de Tunguska es la explicación más plausible, incluyendo evidencias en ciudades vecinas que fueron destruidas al mismo tiempo (Imagen 5). Si fuésemos a cubrirlos todos, ¡este astrobito se haría mucho más largo!. Así que recomendamos al lector leer el artículo original para conocer todos estos detalles.

Un par de conclusiones rápidas antes de acabar. Los autores/as especulan que ante la magnitud (literalmente) bíblica del cataclismo y sus características, es posible que testimonios directos contaran el evento e iniciasen una tradición oral, que con el tiempo fue (comprensiblemente) dotada de superstición y acabó en escrita en la Biblia. ¡Imagínate tú ver la destrucción de Tall el-Hammam y vivir para contarlo, o que te lo contasen tus abuelos! Sin embargo, el origen del cataclismo fue completamente natural. Quizás Dios no juega a los dados, como dijo una vez Albert Einstein, pero la naturaleza de seguro sí que lo hace.

Y segundo, este hallazgo, junto con el evento reciente de Tunguska, el cual podría haber anihilado una ciudad moderna de haber caído en el lugar equivocado, nos muestra una vez más la importancia de la astronomía y el seguimiento de objetos potencialmente peligrosos en el Sistema Solar que podrían un día caer sobre nuestras cabezas. ¡Y es por esto, entre otras cosas, que los/las astrónomos/as estamos aquí!

Acerca de Miquel Colom i Bernadich

Nacido y criado en Catalunya, mostré mi interés por la astronomía desde bien chiquitito. Estudié física fundamental en la Universidad de Barcelona y redacté mi tesis de grado sobre el crecimiento de las galaxias. Cursé un máster en astronomía y ciencias del espacio en la Universidad de Uppsala, en Suecia, donde practiqué astronomía de neutrinos con la gente del IceCube entre otras cosas. Redacté mi tesis de máster en Berlín sobre astronomía de rayos-X con los telescopios XMM-Newton y eROSITA, y ahora soy estudiante doctoral en Instituto Max Planck por la Radioastronomía en Bonn, Alemania. Mi tarea actual es cazar y analizar radiopúlsares, estrellas de neutrones magnetizadas con altas frequencias de rotación, con los radiotelescopios de MeerKAT y Parkes. En mi tiempo libre soy un gamer, lector y excursionista. Me interesa mucho la historia moderna también.

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